Votación Imágenes Marzo

¡Buenas tardes!

Aquí os dejo las imágenes seleccionadas para el concurso de microrrelatos del mes de marzo. Como veis, este mes nos damos un garbeo por el arte urbano, la papiroflexia y demás muestras del increíble talento de algunos artistas. Podéis votar hasta el próximo sábado, día 20, a medianoche. Hablando de talento, esperamos recibir vuestros relatos inspirados en la imagen ganadora a partir del domingo 21 de febrero. El plazo de envío de vuestros microrrelatos concluirá el día 20 de marzo, a medianoche. Este mes, y debido a mi parsimonia persistente en estos menesteres, el plazo es más amplio, algo que creo que beneficiará a la calidad del concurso.

Muchísimas gracias a todos los que, a pesar de todo, seguís dedicando unos minutos de vuestras vidas a Noveleriando, y así me lo hacéis saber.

 

Ganador Concurso Febrero

¡Buenas tardes!

Ya tenemos ganador del concurso de Microrrelatos del mes de febrero. Muchas gracias a todos por vuestra participación y por vuestra paciencia y enhorabuena al ganador o ganadora de esta edición.

A continuación, os dejo el relato vencedor, y el resultado de ambas votaciones, la privada y la pública. En breve volvemos para elegir las imágenes de marzo. ¡Estad atentos!

Saludos y hasta pronto.


RELATO GANADOR:

El número al que llama no está disponible

Corría hacia esa cabina como si no hubiese nada más importante. Era mi última oportunidad de hacerte cambiar, ya que habías resultado ser un semáforo andante.

Primero, te vestiste con un cartel que, a mi parecer, decía ‘Puede pasar’. Ese anuncio era tu sonrisa, tan tierna y loca como ella sola, que me aseguraba el derecho eterno de abrazarte, acariciarte y quererte con cada gesto.

Luego, desconcertantemente, te volviste ámbar. Eras intermitente. Te apagabas y te encendías. Me dejabas pasar, pero no dejabas lugar a las prisas que me entregabas antes.

Y con el fin de destruirme, pensaste que lo mejor sería prohibirte. Lo que no sabes, es que cuando nos niegan algo, se vuelve cada vez más irresistible.

Llegué al teléfono, ansioso por oírte, con la esperanza de que me dieses luz verde al otro lado de la línea.

Entonces, mi alma quedó tan colgada como aquel maldito trasto.

Pseudónimo: 41319


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RESULTADO VOTACIÓN PÚBLICA:

Votación Relatos Febrero

Ya tenemos los relatos del mes de febrero. Muchas gracias a todos los participantes.  A continuación os dejo los siete relatos que optan a llevarse el Concurso de Microrrelatos de este mes.

El plazo para votar concluye el domingo 1 de marzo, a medianoche. Un fuerte abrazo a todos los que os pasáis por aquí unos minutos al mes y nos vemos muy pronto, con la votación de las imágenes para el mes de marzo.

IMAGEN GANADORA:

Teléfono

Teléfono

 


 

RELATOS PARTICIPANTES:


 

VOTACIÓN RELATOS:

 

 

La despedida

Era una noche azul, apacible y serena, pero su aire esa noche era diferente.

Esa mañana,  como tantas otras, Marisa preparó el desayuno, Manuel tomó su café, besó a su esposa y a los peques, que jugaban y reían mientras desayunaban.

—  ¡Hasta luego mi amor! musitó Manuel mientras cerraba la puerta.

Manuel, como llevaba haciendo desde semanas, caminó por la ciudad sin rumbo fijo, lo había intentado todo, sin trabajo y sin esperanza una sola idea golpeaba su mente: Mi seguro de vida es la única solución… nada les  faltará.

La noche caía sobre la ciudad, era hora de regresar a casa , que Marisa no sospechara de la realidad.

Pero había tomado la decisión más importante de su vida, proporcionar el bien a los suyos, a un precio muy alto.

Buscó un teléfono, tenía que despedirse.

— ¡ Diga! … decía la voz alegre de un niño.

Manuel dejó caer el auricular….

Seudónimo: Asora

El desesperado…

902000000

¡Riiiing!

  • Bienvenido a Teletim’o. Le atiende Osvaldo ¿En qué puedo ayudarle?
  • Tengo una queja al respecto de la factura de este mes. Me han cargado un importe incorrecto.
  • Muy bien, señor, le paso con facturasión. No se retire.

Música de espera. Para Elisa, con sonido de Casiotone.

Cinco minutos…

Diez…

Quince…

  • Buenos días, le atiende Évelin ¿En qué puedo ayudarle?
  • Mire, tengo un cargo en la factura que no me corresponde.
  • Un momento, señor, que le paso al departamento de cobros.
  • No, pero…

Música de espera. Para Elisa, con sonido de Casiotone.

Cinco minutos…

Diez…

Quince…

  • Buenos días, señor, le atiende William ¿En qué puedo ayudarle?
  • Mire, es la tercera vez que explico lo mismo. Tengo un error en la factura de este mes.
  • Disculpe, señor, no le oigo bien.
  • Digo que…
  • Piiiii….
  • ¡Cabrones!

 

Seudónimo: Gominolo

… y los desesperadores

¡Riiiing!

  • Te toca, Pedro.
  • ¡Voy!
  • Pero pon acento latino, ¿eh?
  • Claro… Bienvenido a Teletim’o. Le atiende Osvaldo ¿En qué puedo ayudarle?
  • Tengo una queja al respecto de la factura. Me han cargado un importe incorrecto.
  • Muy bien, señor, le paso con facturasión. No se retire.
  • Otro más…
  • ¿Cuánto le dejo?
  • Un rato largo…

Quince minutos después…

  • Venga, responde tú ahora.
  • Buenos días, le atiende Évelin ¿En qué puedo ayudarle?
  • Mire, tengo un cargo en la factura que no me corresponde.
  • Un momento, señor, que le paso al departamento de cobros.
  • No, pero….
  • ¡Jajajaja! A ver cuánto aguanta.

Quince minutos después…

  • Te toca Luis, que éste es paciente.

(Risas).

  • Voy… Buenas tardes, señor, le atiende William ¿En qué puedo ayudarle?
  • Mire, es la tercera vez que explico lo mismo. Tengo un error en la factura de este mes.
  • Disculpe, señor, no le oigo bien.
  • Digo que…
  • ¡Jajajaja!

 

  • ¡A por el siguiente!

 

Seudónimo: Gominolillo

La línea se cortó

Todo era perfecto. Reía y me sentía feliz a su lado, y él volaba cuando me escuchaba reír o escuchaba mi voz…

Éramos el uno para el otro lo que siempre quisimos y necesitamos.

Pero cuando nuestros caminos estaban tan cerca, todo pareció torcerse. Mi risa ya no iluminaba sus ojos como antaño. Mis llamadas ya no eran ese respingo de emoción en él. Mis mensajes con un sencillo y especial “te echo de menos” perdieron su magia y se convirtieron en avisos molestos en su teléfono.

La línea que nos unía, esa conexión que prometía ser infinita, empezó a entrecortarse porque, sin que yo lo supiera, las interferencias de otro teléfono, otro nombre y otras llamadas, le tenían atado irremisiblemente a la frustración de una vida de la que siempre quiso salir…

La línea se cortó y sólo quedó un incesante tono comunicando…

¿Volverá a responder algún día?

 

Seudónimo: Caracola

El número al que llama no está disponible

Corría hacia esa cabina como si no hubiese nada más importante. Era mi última oportunidad de hacerte cambiar, ya que habías resultado ser un semáforo andante.

Primero, te vestiste con un cartel que, a mi parecer, decía ‘Puede pasar’. Ese anuncio era tu sonrisa, tan tierna y loca como ella sola, que me aseguraba el derecho eterno de abrazarte, acariciarte y quererte con cada gesto.

Luego, desconcertantemente, te volviste ámbar. Eras intermitente. Te apagabas y te encendías. Me dejabas pasar, pero no dejabas lugar a las prisas que me entregabas antes.

Y con el fin de destruirme, pensaste que lo mejor sería prohibirte. Lo que no sabes, es que cuando nos niegan algo, se vuelve cada vez más irresistible.

Llegué al teléfono, ansioso por oírte, con la esperanza de que me dieses luz verde al otro lado de la línea.

Entonces, mi alma quedó tan colgada como aquel maldito trasto.

Pseudónimo: 41319

Llamada de suicidio

Me siento utilizada. Hace tiempo que lo imaginaba, pero pensé que se te pasaría más pronto que tarde. Tus manos ya no me acarician como siempre, ni tus labios me susurran palabras de amor a la luz de la luna. Siempre supiste dar con la tecla adecuada, pero tus intenciones eran otras. Solo me veías como un objeto al que usar a tu antojo, incluso para conquistar con tu voz melosa y varonil a cualquier mujer dispuesta a venderse por unas horas de amor enlatado.

Pero ya todo terminó. No resisto más este sufrimiento que me impide seguir adelante. Voy a colgarme.

Seudónimo: Cabin Kostner

El trabajo es suyo

Estaba convencido de que esas cuatro palabras le iban a cambiar la vida. Los últimos meses habían sido duros. La muerte de su esposa en aquel terrible accidente, las visitas al psicólogo, el previsible despido de su trabajo -aunque la palmadita en la espalda de su ex-jefe y ex-amigo le hicieran prever otra cosa-, la pérdida de la custodia de sus hijos a manos de sus abuelos. Al principio se negó a aceptarlo, pero entendió que era lo mejor que les podía pasar a Sofía y Miguel después de tanto sufrimiento. Sobre todo después de perder la casa que los vio nacer. Dos meses viviendo en la calle, y ese teléfono era el único contacto que le quedaba de un mundo que creía perdido para siempre. La voz al otro lado del teléfono fue clara: un trabajo, un arma, un objetivo… quizá matar al presidente no fuera tan grave después de todo.

Pseudónimo: Desesperado González