La casa de nuestros sueños

Se había hecho tarde. La noche empezaba a caer sobre sus despeinadas cabezas y los últimos rayos de un sol cansado de trabajar todo el día traspasaban los cristales que el tiempo se había empeñado en conservar, quizá para contemplar su propio reflejo.

-¿De qué color te gustaría pintar las paredes?- la dulce voz de la niña acarició el frío viento del norte.

-Para mí solo existe un color, el que vive en tus ojos. Algún día conseguiré hacerlo realidad y pintaré toda nuestra casa de ese color.

Allí estaban, con miles de sueños compartidos a través de sus pequeñas manos, dejando atrás un mundo del que jamás se sintieron formar parte. La vida en el orfanato no había sido fácil, muchos adultos se encargaron de ello. Pero ahora el fuego lo quemaba todo y ahogaba los gritos de un pasado que no olvidarían… de un lugar al que jamás regresarían.

Seudónimo: Charles Dickens

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